jueves, 26 de enero de 2012

Teorías clásicas sobre la inadaptación. Guash y Ponce

Y hablemos ahora de las corrientes ideológicas que más han influido a lo largo de la historia en la forma de ver y tratar la desadaptación. Éstas han sido el Liberalismo y el Positivismo, dando lugar a la Escuela Clásica y a la Escuela Positiva, respectivamente. Ambas filosofías, de corte intervencionista, han dado lugar a dos formas bien distintas de acercarse al tema de la desadaptación.
El Liberalismo se trata de una doctrina filosófica y política que se caracteriza por ser una concepción individualista, una concepción para la cual el individuo y no el grupo, constituye la verdadera esencia. “Los valores individuales son superiores a los colectivos y el individuo decide su destino y hace historia.” García Pelayo.
Se produce en torno al siglo XVIII y establece la libertad como responsabilidad y capacidad de adaptación.
La corriente liberal defiende así la estratificación social y el individualismo.
De ella, como decíamos al principio aparece la Escuela Clásica tuvo sus inicios en el siglo XVIII. Sus representantes más importantes fueron Beccaria, Feerbach y Bentham. Las ideas del Liberalismo que más influenciaron los valores de la escuela fueron las ideas de libre albedrío, el hedonismo y la racionalidad, que pretenden decir que una persona es libre de comportarse como quiera y lo hace movida por la búsqueda del placer y cualquier acción humana es fruto del pensamiento racional.
Se introduce, en consecuencia, la idea de pena o castigo para aquellos que alteran el orden social establecido 

“… fundamentándose en los supuestos filosóficos de la libre voluntad humana, hedonismo, racionalismo y la teoría del contrato social del Estado, los penalistas de esta escuela introdujeron el concepto de pena para defender tan contrato, con el objetivo de que el delincuente recibiera más dolor proveniente del castigo que placer deriva de la comisión del delito”.

Por otro lado el Positivismo, que aparece en el siglo XIX y expone que el ser humano no es un ser libre, sino que está determinado biológicamente. Se le considera bueno por naturaleza, siendo el entorno y la biología quienes determinan que el individuo se desviara o no de las normas sociales establecidas. En consecuencia el tratamiento que necesitan las personas que se desvíen de la norma no sería un castigo, sino rehabilitación y tratamiento. Los máximos representantes de la Escuela Positiva fuero Ferri, Lombroso y Garofalo.
Son éstos por tanto, los dos grandes ejes filosóficos sobre los que se ha sustentado la respuesta social al problema de la desadaptación, durante los siglos XIX y XX. 
Más recientemente aparece, durante las tres últimas décadas, la Escuela Crítica, que expone que ni el castigo ni la rehabilitación son efectivos para tratar los problemas de desadaptación si no se produce un cambio en las estructuras sociales.

Un punto importante es conocer las diferentes fases de la respuesta social a la desadaptación, las cuáles han sido represiva, que consistía en el internamiento de quienes de desviaran de lo normal, la fase de beneficencia, la terapéutica, donde se aplicaba tratamiento, la técnica, que implica la individualización de los casos, y la crítica, que trabaja con la sociedad de forma global y no individualizada.

Tras la I Guerra Mundial cobra importancia la Teoría Sociológica, que distingue entre lo macrosocial y lo microsocial. La teoría macrosocial hace referencia a la desadaptación como producto de los entornos conflictivos concentrado en grupos culturales o subcultutales, la segunda en factores familiares. Pero ambas están de acuerdo en que es el entorno quién hace al hombre ser desadaptado.

Otras explicaciones que pretenden dar respuesta a la desadaptación son las teorías Centradas al Individuo y afirman que cierto tipo de personalidades están predispuestas a presentar una conducta inadaptada. Afirma que el hecho de que la sociedad, a través de sus redes de control social reacciones castigando o interviniendo en la vida de niños y jóvenes que presentan conductas desadaptadas, propicia la formación de una autoimagen como persona inadaptada o conflictiva. En consecuencia a ello, la persona tiende a comportarse como esperan los demás que lo haga.

La Teoría del Aprendizaje Social de Bandura postula que la conducta delictiva no es distinta a las demás conductas humanas en el sentido de que se transmite y se aprende igualmente. Lo que la diferencia es su preocupación por la variable situacional, que tiene en cuenta la oportunidad, la presión, la presencia de testigos, elementos disuasorios…

La Postura Ecléptica es el colofón para explicar la situación actual. Explica el modo en que la justicia ha tomado cartas en los asuntos referidos al menor, teniendo una repercusión negativa por el aumento del castigo, disminuyendo la intervención.

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