En esta entrada voy a hablaros del proyecto que, de forma desinteresada, solidaria y generosa, mi compañera Luisa, junto con sus colegas, Herminio y Salomón, están llevando a cabo : luchar por África.
La pasada semana vinieron, cargados de ilusión y alegría, a clase para hablarnos sobre sus inquietudes, sus vivencias, sus sentimientos, y como no, sus valores, dignos de compartir con el mayor número de personas posibles.
Empecemos desde el principio.
Salomón, procedente de Camerún, comenzó contándonos su vida. Cuáles eran las costumbres de su tierra, como era su pueblo, como era su familia, como era su país.
Nos contó muchas curiosidades, tales como la cantidad de mujeres que tenia su abuelo, cuestión que no impedía que todos pudieran llevarse genial, aunque solo tenía una madre biológica, todas las demás lo querían como si fuera su hijo. Una gran familia, vaya.
Y pensaba, Abuelo, con lo difícil que es, no solo encontrar, sino permanecer con una mujer, ¿cómo puedes tener tantas? ¡Vas a salir loco!, nos contaba con una gran sonrisa de oreja a oreja. Y su abuelo le decía Es muy difícil, lo que hay que hacer es que todas se enfaden entre todas, así ya no tendré problemas.
Nos habló de su aldea, de las principales tareas que se realizan, de las relaciones entre las gentes del pueblo, de la jerarquía que se establece, a nivel familiar, cuando muere el cónyuge masculino. En este caso, el segundo hermano del fallecido debería casarse con la mujer viuda, para seguir cuidándola, pero su tío fue uno de los más avanzados, pues decidió acabar con esa tradición, por verla innecesaria.
Explicó el “sistema sanitario”, si así puede llamarse, del que gozan. Directamente no gozan de él, pues de necesita dinero para cualquier tipo de intervención, de la magnitud que sea, y dinero precisamente es lo que allí falta.
Salomón hablaba de que tuvo un sueño, y a partir de entonces vio la necesidad de salir de allí, de viajar, quería conocer mundo. No sabía como, pues como digo el dinero brillaba por su ausencia, pero el ya tenía las inquietudes rondándole por la cabeza.
Y fue un incidente, relacionado con sanidad, lo que le dio el impulso a atravesar fronteras. Su madre tuvo un pequeño accidente por el que se rompió una pierna, en el hospital no tenía sitio, ya que no podían pagar el dinero que costaba la recuperación de su madre. Asique ésta tuvo que volver a casa, con la pierna rota, si, ¿impactante? Pues esto no es nada…
Así Salomón dijo ¡hasta luego!, y mochila en mano, cargado de esperanzas, alegrías e ilusiones, puso rumbo a España.
Y menos mal que la alegría y la fe nunca le faltaban, pues el viaje fue, creo que quizás la experiencia más dura de la que me han hablado nunca.
El viaje no podía ser en línea recta hacia el norte, porque muchos son los saqueadores y delincuentes que esperan en el camino, para atracarles y dejarles sin nada, menos de lo que tenían, vaya, por lo que el viaje fue mucho más largo de lo normal, para evitar posibles saqueos.
Así reprodujo las inmundicias que sus ojos por desgracia vieron, como por ejemplo, como las mujeres que viajaban con él se acostaban con todos los hombres, para conseguir una moneda, para conseguir vivir, era la única vía de ayuda que encontraban. Duro, ¿verdad?
Relató con todo tipo de detalles su viaje, los problemas que encontraron, las barreras que le impedían avanzar. Pero todo esto con una gran sonrisa de oreja a oreja, y es que, si no se lo toman así, ¿cómo hacerlo? Desde luego, ojalá todas las personas fueran como ellas.
Cuando consiguieron atravesar Marruecos, algo que no fue nada, nada, sencillo, se adentraron a la mar para cruzar el estrecho, lo hicieron en una patera hinchable, si, como leéis. Y de repente, en medio del inmenso mar, la colchoneta se pinchó. En ese momento, ¿qué hacer? El mar estaba bravísimo, y ellos indefensos y atrapados en él. Y dijo Salomón, hay que tener fe, hay que tener fe. Y el mar se calmó. Yo no creo en Dios, pero sí creo que la fuerza de sus pensamientos, que los deseos de llegar, que la esperanza que en él había y la bondad que lo acompaña lo ayudaron. Para él los ayudó Dios, para mí, fue la confianza en ellos mismos la que les dio el impulso.
Muchas son las perdidas que por desgracia, sufrió por el camino, muchos los compañeros que dejó atrás…
Pero él consiguió llegar a la costa, el esfuerzo había merecido la pena. Allí fueron recogidos por la Cruz Roja, que estaban esperándolos. Les proporcionaron las necesidades básicas, comida y agua.
Una vez cubierta la desnutrición que sufría, Salomón fue acogido por una asociación, en la que podría permanecer seis meses más. Y allí fue donde su ángel le apareció. Una chica, que desde luego, merece toda mi admiración, mi compañera Luisa. Le ofreció su hogar y todo aquello que necesitara.
Y ahora le tocaba a él actuar. Había venido con muchas esperanzas y sueños, y no iva a dejar que no se cumplieran. Así junto con Luisa y Herminio, los tres amigos decidieron que había que intervenir. Viajaron esta verano a Camerún, dónde Salomón pudo reencontrarse con su vida, con su familia, con sus tios, hermanos, primos, con su sitio. Y Herminio y Luisa pudieron vivir la experiencia de ese país. Mucho trabajo que hacer, muchas necesidades incubiertas. Mucha pobreza… al fin y al cabo.
Así estudiaron todos los vectores a tener en cuenta, las necesidades y los recursos de los que carecían y elaboraron un humilde, solidario y precioso proyecto.
El Mundo y África trabajan fija como objetivo conseguir una calidad de vida digna para las personas que habitan en ese lugar, y que nisiquiera tienen acceso a la sanidad, pero para poco a poco, poder abarcar más lugares, expandirse, y poder crear una gran red de intervención, mediante la concienciación y ayuda de las personas que podemos ofrecérselas.
El primer proyecto establecido tiene como eslogan “cultivando sueños”, y tiene como fin crear tierras de cultivo, que han sido cedidas por la familia de Salomón, para plantar maíz, pistacho, palmera y plátano, ahora solo necesitan el tractor.
El único incoveniente, es el que venimos encontrando durante toda la historia, la ausencia de dinero. Pero si hay que pedir, se pide, ya que con poco que colaboremos, estaremos contribuyendo a una causa preciosa y necesaria.
Ellos ponen la semilla, y el trabajo ya va llegando. A partir de aquí, más horizontes se abren, como intervenir para la sanidad, la educación, la oportunidad de todas las personas del lugar para poder trabajar y conseguir lo que persiguen… y sin prisa, pero sin pausa.
Luisa nos decía que realmente, casi que le parecía imposible el poder llegar a conseguir todo lo que hasta ahora han conseguido, pero ya os comentaba, el poder de creer en uno mismo. Quién quiere, puede. Y más cuando se trata de una causa tan desinteresada y solidaria como ésta.
Realmente, el poder compartir tantas experiencias e ilusiones con Salomón, Luisa y Herminio, han sido una de las aportaciones más gratificantes que he podido recibir, a lo largo de este cuatrimestre.
La alegría de Salomón, siempre reflejada en su semblante, junto con las esperanzas de Herminio y Luisa, supone toda una fuente de esperanza para mí.
Nos encontramos en un mundo de miserias e injusticias, que cada vez más se acrecientan. Si en España hay multitud de problemas de pobreza y de exclusión, pensemos en África.
La globalización que nos imponen viene sembrando odio, egoísmo, desigualdad, superficialidad… pero mis compañeros la han aprovechado para sembrar alimentos, cariño, respeto, tolerancia, generosidad, solidaridad y amor.
Solo se necesita que cada persona aporte un poquito de lo que tiene, porque con poco que pongamos, muchos son los avances que conseguiremos.

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