
En esta primera clase práctica, analizamos, a través del pensamiento de Funes, como el individuo no es solo producto del funcionamiento de su mente, ni de sus cualidades y capacidades físicas, sino que está sometido a su entorno, a las condiciones en las que crece y madura, que habrá que tener en cuenta ante cualquier tipo de situación de marginación o desadaptación.
Expone que la marginación es la inadecuación entre un coectivo, su entorno, sus reglas y las características que tienen una serie de individuos.
Además de intervenir, planificando y elaborando proyectos de actuación, nuestra labor como educadores es no dejar de pensar, y querer cambiar, la sociedad, por más utópico que parezca, luchando por una sociedad más justa, solidaria y accesible.
Funes hace también referencia a lo que él denomina como construcciones problematizadoras de la dificultad. Se trata de construcciones ficticias, que los individuos interpretan y sienten como reales, y que son el motor, en muchos casos, de la marginación y la desadaptación, ya que depositan en determinados problemas su situación de instatisfacción, sin ver qué o cuál es la verdadera cuestión del problema.
Otra forma de marginación es a través de las reacciones incorrectas ante ciertos problemas sociales, que más allá de solventarlos, agudizan y empeoran la situación, como, por ejemplo, mediante las campañas de prevención ante la xenofobia, o las enfermades de transmisión sexual. Éstas se limitan a proporcionarnos información sobre cuál es la forma correcta de actuar ante la situación, sin establecer medidas para que éste desaparezca.
¿Y qué decir de, por ejemplo, el sistema presidiario? La cárcel como lugar de marginación, de exclusión, como se supone que su labor es la de reinsertar al individuo…
No quiero dedicarte tan solo estas lágrimas que estoy derramando,
este poema necesario para acariciarte,
escrito bajo tu inspiración en los duros días de trabajo,
plasmado aquí en numerosos análisis depurados.
Te quiero dedicar mi vida a tí,
y a tantos hijos de la calle,
hermanos abandonados por el virus social
del abandono, de la pobreza, de la hipocresía.
A tí y sobre todo a las madres, esas mujeres de hierro ,
con el corazóm cincelado por la fuerza de un amor invencible,
obligado a florecer en medio del estiércol
con que abonamos las riquezas los ciudadanos de primera,
los policías, los jueces, los médicos,
los que vivimos a costa de vuestra marginación.
Te conozco, naciste en mi misma calle empedrada,
juntos crecimos, y juntos conseguiremos sacar a nuestros hijos para siempre de las cárceles,
cloacas fabricadas por el miedo,
lugares donde se aplaza la vida y se sustrae la libertad,
cementerios de hombres vivos...
Banda Jachís, Dedicatoria C.M.B.
Por supuesto, no es solo el factor social a tener en cuenta, pues no podemos olvidarnos de las dificultades propias y personales que cada individuo pueda padecer, como situaciones de conflicto a lo largo de la vida, problemas de salud o de discapacidad…
Los cuatro factores que, desde esta perspectiva, más influirán en el proceso de desadaptación, según Funes son la ausencia de un clima afectivo básico, el vivir en condiciones de desarrollo precarias, el estar sometido a un lugar donde las situaciones conflictivas y traumáticas sean comunes o el socializarse rodeado de estímulos y modelos educativos negativos.
A partir de este breve análisis de los factores que más influyen e intervienen en la inadaptación, Funes propone una serie de criterios que deberían determinar la política social contra ella.
En primer lugar, partir de acciones destinadas a reducir el contexto social injusto, que provoca y mantiene la exclusión. A pesar de que el pensar en una sociedad diferente, se trata de algo muy lejano y que nos resulte utópico, el conformismo no es la solución.
No debemos limitarnos a la intervención, sino que tenemos además, que recordar la injusticia y luchar por abolirla. Sino al menos, evitar que sigan estableciendo medidas que aumentan la injusticia y desigualdades, que podemos ver, tanto de carácter global, como el nuevo sistema de producción, a las situaciones más cercanas, en las que las intervenciones se basan, sobre todo, en los recortes sociales.
Tenemos que evitar, también, como educadores sociales, esa tendencia a establecer prevenciones que se basan en que si no se actúa, algún día aparecerá el problema.
En mi opinión estas actuaciones son las primeras impulsoras del problema. No se puede tratar a la población como si pudieran llegar a ser una amenaza. Si una persona vive situaciones conflictivas, es por todos aquellos factores sociales que intervienen en su vida, no porque ella tenga riesgos sociales.
Funes afirma el retorno a las peloticas sociales globales e integrales, a través de una correcta y acertada organización, pues ya los programas que se han llevado a cabo para la integración de personas con problemas, han aumentado su segregación.
También pone mucha relevancia a la vuelta hacia la intervención primaria, integrada en los aspectos sociales y sanitarios, e incidiendo como punto primordial en los aspectos educativos, a la hora de hacer políticas sociales. Menciona Funes el término de los profesionales “inútiles”, aquellos que están allí, donde las personas conectan con la gente, que se mueven en su mismo medio, dejando atrás la burocracia y la sistematización de las cuestiones sociales.
Propone, así, el retorno al trabajo con la comunidad. El trabajo en grupo promueve la cooperación y la motivación, así como mejores resultados, mientras que la individualización potencia la competitividad.
Y puntualiza Funes en cesar de promover “maravillosos” programas de intervención, que no dan respuesta a aquellos que sufren la marginalidad, pues no tienen en cuenta las cuestiones más básicas, como la necesidad de techo o de comida. Si no tienen cubiertas estas primeras necesidades, ¿cómo vamos a pretender que se inserte en la sociedad?
Bajo mi punto de vista, como ya supondréis por mis anteriores aportaciones, Funes y las medidas que proponen son acertadas e idóneas, y será muy positivo el poder establecerlas. Pero no se trataría de una labor sencilla, pues no todos comparten este pensamiento.
Considero que para que sus propuestas pudieran llevarse a cabo, primero habría que actuar en la educación, en los valores y la forma en que una persona adquiere su personalidad, ya que si ésta promueve el individualismo y el egoísmo, no llegaremos muy lejos.
Pero las ilusiones e inquietudes de Funes son un impulso grato para ponernos manos a la obra. El comprobar que existen personas que aun creen en las utopías, pues no serán posibles, quizá no en la situación actual, pero son el mejor instrumento para ayudarnos a caminar y a avanzar hacia un mundo.





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