Tu interpretación de lo que ves y oyes es solo eso, tu interpretación, puntualizaba anteriormente, sin desarrollar más el contenido de esta acertada proposición.
Y es que es curioso como cambia la percepción de la realidad de una persona a otra. Lo que para algunos pudiera resultar insignificante, se hace un mundo para otros, y es que multitud de factores están en continuo dinamismo y juego: la edad, que influirá en la madurez de las personas, la situación socioecónomica y cultural, las creencias de la persona, sus características propias, como sí es una persona positiva, optimista, risueña, o por lo contrario es negativa y pesimista, el entorno en el que se relacione y socialice... son multitud de factores los que juegan un papel crucial en la vida de cualquier individuo, y que determinarán sus posiciones, actitudes, pensamientos, así como sus interpretaciones, como comenzábamos apuntando.
Sería, por tanto, muy dogmático afirmar que solo existe una realidad, ¿qué realidad? o mejor preguntado, ¿qué es la realidad?
A lo largo de nuestra vida experimentamos diferentes situaciones o sensaciones que nos hacen sentirnos de una forma u otra. A veces nos encontramos en la cima más alta de la montaña más alta y otras veces nos vemos hundidos en un enorme pozo, que impide que nos llegue la luz del día.
De repente nos encontramos espléndidos, rebosantes de felicidad, los más afortunados en ese momento, el camino es firme y el paso preciso, se trata de un llano sendero, sendero que muestra la más afortunada realidad, porque se trata de algo real, ese camino existe.
Pero un trueno rompe de golpe en el azulado cielo, las nubes obstaculizan el paso de los rayos de sol y la lluvia comienza a azotar de forma imparable. El sendero ya no es llano, sino pedregoso y abrumador. La realidad ahora es triste.
Pero recordemos como comenzábamos, decíamos que las interpretaciones son subjetivas, y más aún la de la realidad. Entonces, ahora que relativizamos ¿por qué el hecho de que las nubes aparezcan, la lluvia caiga y el camino se vuelva empinado y pedregoso quiere decir que la realidad sea triste? ¿Es que acaso los días grises y lluviosos son feos? Porque a lo mejor la lluvia si obstaculiza tu camino, pero a la vez nutre a tantas y tantas especies, que forman el ciclo vital. Y además de ser imprescindible por su labor, ¿quién dice que un día gris es un día feo?
El problema es que o blanco o negro, casi apenas hay cabida para los siete preciosos colores que forman el arco-iris. Así nos lo dicen, y nosotros les creemos. Establecen lo normal, lo real, lo que está bien y lo que está mal, lo bonito y lo feo, lo legal y lo ilegal, lo que gusta y lo que desagrada, lo que endulza y lo que amarga, lo que alivia y lo que duele. Y encima nosotros nos resignamos a aceptarlos y a elegir según las coordenadas que ellos nos establecen, porque ni nos planteamos el que pudieran existir otras alternativas. Porque, claro, tampoco les gusta que pensemos.
Eso le pasaba al cordero, se salió de lo que consideraban normal y bonito, y ojo, no por propia voluntad, sino porque no le quedó otra opción, y de repente su realidad esplendida se volvió funesta. El hecho de que no se admitiera así mismo de forma positiva empeoraba la situación, ya que los demás animales que habitaban el lugar podían sentir esa inseguridad, además de que estaban acostumbrados y enseñados a que solo existía una realidad, por lo que se reían y burlaban del cordero, ya que ya no se adaptaba a la normalidad. Y el hecho de tener esas inseguridades, a la vez, le impedía alcanzar sus metas y sus alegrías, era como la pescadilla que se muerde la cola.
Todos somos corderos, todos somos los demás animales. Todos somos cazador y todos somos presa.
Todos nos hemos sentido rechazados, tristes, excluidos, desanimados, y todos hemos reprochado a los que estaban fuera de nuestra realidad sus "anomalías".
Pero no hay exclusión si hay voluntad. Si pese a las adversidades, las ganas no se evaporan. Si quieres, puedes, dice el refrán. Es la Ley de la Atracción, somos dueños de nuestros pensamientos, pues atraemos todo aquello que deseamos o que nos abruma. No quiero decir con esto que seamos magos, ni mucho menos que tengamos telepatía ni ningún poder sobrenatural, sino que nuestros deseos no son solo pensamientos que ocupan la memoria, o expresiones verbales de lo que queremos, sino que son también el reflejo de nuestras acciones y actitudes.
Que si nos salimos de lo considerado normal, pero caminamos con decisión y firmeza, el camino no será pedregoso, y alomejor hasta nos aproximamos a una mayor atorrealización, pues estaríamos pensando por nosotros mismos, con independencia.
Y aunque nos cueste, lograremos seguir ese camino, sea llano y liso, o sea accidentado y empedrado. Lo seguiremos y lo terminaremos.
Y si se nos olvida que nuestra realidad es bella, llegará un conejílope que nos lo recuerde, mostrándonos como eligió y creyó en la suya propia, siendo feliz con ella.
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