viernes, 27 de enero de 2012

"Adivina quién viene a cenar esta noche"


Joey, la niña bien de papa y mama, regresa precipitadamente a casa, en San Francisco, llevando a su flamante prometido, el doctor John Prentice, para comunicarles a sus padres su intención de contraer matrimonio con él.
A pesar de las ideas liberales de sus padres, Matt y Christina, ambos se quedan sorprendidos y anonadados por la repentina noticia, ya que la pareja sólo se conoce desde díez días atr,as, y mientras ella tiene 23 años, el tiene 27 y es viudo. Ah, además de comentar el pequeño detalle de que es negro.
Joey invita a los padres de su prometido a cenar, y de esa forma todos conocerse. Pero éstos tampoco saben que la novia de su hijo es blanca.
Tal y como se presenta la película, parece que vamos a presencia una agradable y simpática comedia de situación y enredos, pero no es así, aunque tampoco de un drama se trate. La situación desencadena en una agradable reunión de personas amables y educadas que van a debatir bajo sus personales puntos de vista, una cuestión muy importante en sus vidas, en este caso, aunque en la vida de todas las personas si vamos más allá de la película, los prejuicios, raciales en este caso.
Los más reacios son los hombres, los padres. A las madres, en cambio, tras la reacción inicial, les basta con ver a sus vástagos enamorados y felices.
Un hecho a destacar es la impresión de la retrograda criada negra, que ve como inconcebible la relación entre los jóvenes.

En esta película podemos ver reflejados la actuación de los prejuicios y estereotipos que nublan nuestra vista cuando interpretamos la realidad. Vemos como personas que siempre han defendido la igualad, personas liberales, ahora tienen que poner en práctica aquellos principios de los que hablaban. Es curioso como las personas hablamos, exponemos, defendemos nuestras ideas, pero es más curioso ver como se quedan en palabras, sin ponerlas en práctica.
A pesar de ser rodada en el año 1967, podemos comprobar que la temática y la situación conflictiva que se produce en la película siguen repercutiendo en la sociedad a día de hoy. Y no me refiero a que sigan prevaleciendo los prejuicios, pues quizás sea inevitable el hacernos una imagen de una persona cuando la conocemos, pero sí la discriminación racial, aunque se presuma de tolerancia.
 Yo misma he escuchado a amigos de mi misma edad realizar comentarios xenófobos, que yo prefiero tachar de ignorantes, pues considero que cuando realizan afirmaciones de ese tipo, se habla desde el desconocimiento.
Y al igual que amigos, yo misma sufro la epidemia de los prejuicios, aunque intente que no intervengan en mis percepciones, siempre influirán en ellas. Quizá la cuestión de la raza nunca haya supuesto un problema para mí, al igual que para Joey, pero sí sigo etiquetando a las personas, algo que impide que pueda conocerlas tal y como son, y algo que en la mayor medida posible, debemos dejar atrás.  

Y también veo como yo soy etiquetada. Es curioso lo que las apariencias pueden llegar a hacer. Según cómo te vistas, así serás y harás las cosas en tu vida… y es verdad que existe relación entre la manera de mostrarse y la personalidad de la persona, pero ¿siempre?
Por ejemplo, quizás mi peinado y mis ropas hayan cambiado en estas últimas etapas de mi vida, pero mis pensamientos, mis hobbys, mis gustos, mis principios siguen siendo los mismos, o quizás mejores, pues ahora poseo más conocimientos con los que argumentarlos. Pero no es igual la forma en que las personas me perciben, pues suelen dan por hecho cuestiones, y acierten o no acierten, eso es algo que frustra bastante.
Mismamente hace unos días, estaba en un parque tomando el aire, cuando una chica se me acercó para preguntarme si sabía de tiendas de tatuaje. Le dije que no, que ni era de ese lugar, ni tenía tatuajes. Entonces la chica me dio las gracias, por mi atención, y seguidamente me dijo “Tu sabes, que no es por nada, pero es que tienes la pinta”…
Y más frustración.

Quizá traemos arrastrando durante demasiados siglos de humanidad el etiquetado y los prejuicios, manteniéndolos desde tiempos inmemorables en una sociedad como la actual, donde no tienen cabida. Nunca han debido instaurarse esos valores, pero partimos de la idea de que quizá en otros tiempos, otra educación era la que se recibía, así como otros valores, y como no, otro tipo de sociedad. Pero en la pluriculturalidad y diversidad en la que nos hayamos inmersos hoy en día. ¿De verdad que aún queda cabida para ellos?

El contagio de los prejuicios hace creer muchas veces en la dificultad de las cosas que no tienen nada de difíciles, Pío Baroja


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